16 ene 2013

El origen de "Las Uvas de la Ira"

Autores: Santiago Cuevas, Angel Iruretagoiena, Juan Miguel Lacunza
1º de Ciencias Humanas



El origen de 'Las uvas de la ira'
John Steinbeck

Las uvas de la ira (escrita en 1939) es la obra del autor norteamericano que mejor encarna su preocupación social. 

 
Fuente de la imagen: Blog Biblioteca Solidaria


Pequeño análisis o comentario sobre una obra literario “las uvas de la ira “ de John Steinbeck

«Son los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos», (John Steinbeck – Las uvas de la ira).

John Steinbeck escribió su obra maestra Las uvas de la ira con 37 años, en 1939, al final de la Gran Depresión. Es considerada como una de las mejores 25 obras literarias en la historia de EE.UU. El libro fue también uno de los más prohibidos en la historia de ese país. Steinbeck fue estigmatizado como comunista y anticapitalista por mostrar apoyo a los trabajadores pobres. Algunas cosas nunca cambian, y los intereses acaudalados que controlan los medios tratan de alejar la culpa de nuestra depresión actual de sus actos fraudulentos. La novela representa una crónica de la Gran Depresión y un comentario sobre el sistema económico y social que la causó. La obra de Steinbeck sobre los trabajadores pobres reverbera con el pasar de las décadas. Escribió la novela en medio de la última Cuarta Crisis. Sus temas de la inhumanidad del hombre hacia el hombre, la dignidad e ira de la clase trabajadora, y el egoísmo y codicia de la clase acaudalada parecen verosímiles en la actualidad mundial sobre todo española.

Steinbeck se convirtió en el campeón de la clase trabajadora. Cuando decidió escribir una novela sobre la difícil condición de los trabajadores agrícolas migrantes, tomó muy en serio su tarea. Para prepararse, vivió en una familia de trabajadores agrícolas y viajó con ellos a California. Setenta años después, las difíciles condiciones de la clase trabajadora son las mismas. La clase trabajadora soportó la carga principal de la Gran Depresión en los años treinta y soporta la carga de nuestra actual Enorme Depresión. Sabemos quiénes son los culpables en la actualidad. Son los mismos. Los intereses bancarios acaudalados causaron la Gran Depresión y crearon el desastroso colapso que hasta ahora ha destruido 7 millones de puestos de trabajo de la clase media. El autor comprendió que la clase trabajadora pobre de este país tenía más dignidad y compasión por el prójimo que cualquier banquero a la busca de enriquecimiento a costa de la clase trabajadora.

«¿Cómo se puede asustar a un hombre que carga con el hambre de los vientres de sus hijos además de la que siente en su propio estómago acalambrado? No se le puede atemorizar, porque este hombre ha conocido un miedo superior a cualquier otro». 
 
El EE.UU de 1930 era diferente en muchos aspectos del EE.UU de 2011. La población de EE.UU era de 123 millones, los cuales vivían en 26 millones de casas, o sea 4,7 personas por casa. Actualmente, la población de EE.UU es de 310 millones, que viven en 118 millones de casas, o sea 2,6 personas por casa. La estructura de la vida y el trabajo del país eran dramáticamente diferentes en 1930.

La lamentable situación apremiante del trabajador agrícola estadounidense no comenzó con la caída de los mercados bursátiles en 1929. Las semillas de la destrucción fueron plantadas antes y durante la Primera Guerra Mundial. La automatización mediante la tecnología permitió cultivar más tierra. Los precios aumentaron debido a la fuerte demanda mundial, llevando a los agricultores a aumentar drásticamente los cultivos. Al aumentar los precios de los productos agrícolas básicos, los agricultores cayeron en la clásica trampa en la que cayeron los compradores de inmensas y pretenciosas casas nuevas desde 2000 hasta 2006. Los agricultores incurrieron en inmensas deudas para adquirir más tierras y equipos agrícolas, ya que los bancos locales estaban dispuestos a alimentar sus ilusiones con préstamos.

«Siempre me pareció extraño que las cosas que admiramos en los hombres, la bondad y la generosidad, la franqueza, la honestidad, la comprensión y el sentimiento acompañan al fracaso en nuestro sistema. Y esos rasgos que detestamos, nitidez, codicia, ambición, mezquindad, egoísmo, interés personal, son los rasgos del éxito. Y mientras los hombres admiran la calidad de las primeras, les gusta el producto de la segunda», John Steinbeck. 
 
La novela de Steinbeck fue un fenómeno nacional. El libro aseguró al autor la admiración de la clase trabajadora, debido a la simpatía del libro hacia el hombre de a pie. Fue estigmatizado de comunista por los grandes terratenientes de América. El libro fue elogiado, discutido, prohibido y quemado. Un libro sólo puede generar tanto calor si se acerca demasiado a una verdad que los que están en el poder no quieren que sea revelada. Las uvas de la ira hizo precisamente eso. Steinbeck quería culpar al que se lo merecía: 
 
«Quiero colocar una etiqueta de vergüenza sobre los ricos y codiciosos que son responsables de esto [la Gran Depresión y sus efectos]».

Los banqueros que se apoderaron de sus granjas y los apartaron como si fueran basura, los especuladores que se enriquecieron traficando con deudas de la clase trabajadora, y los acaudalados terratenientes que trataron como criminales a los trabajadores agrícolas migrantes, fueron los culpables de los sufrimientos de millones. La tremenda concentración de la riqueza en manos de unos pocos ahora, significaba que la continua prosperidad económica dependía y depende de las grandes inversiones y los gastos en lujo de los ricos.

Fuente de la imagen: Falso Diario, Blog de Alfredo Gómez Cerdá


La dignidad de la ira

«… en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia».

Los sentimientos de Steinbeck respecto a la gente sobre la que escribía pueden ser resumidos en este pasaje: 
 
«Si tienes problemas o estás herido o necesitado... acude a la gente pobre. Son los únicos que te van a ayudar... los únicos, no lo dudes.
Los pobres se niegan a ser quebrantados por sus circunstancias. Mantienen su dignidad, honor y amor propio, a pesar de las dificultades y tribulaciones que los afectan. El hambre, la muerte trágica, y el maltrato de las autoridades no les amilanan. Su dignidad ante la tragedia contrasta con la vileza de los terratenientes ricos y los policías que trataban a los trabajadores migrantes como criminales.»

La ira de Steinbeck se dirigía contra los banqueros que robaban las granjas, los terratenientes de California que trataban a los trabajadores como alimañas, y la policía que se ponía de parte de los ricos y brutalizaba a los trabajadores. 
 
La élite del poder que cree que puede controlar a las masas como un titiritero maneja una marioneta debería andar con cuidado. La ira de las masas puede ser feroz y repentina. Preguntadle a Hosni Mubarak. Como Steinbeck se dio cuenta hace muchas décadas, el egoísmo descontrolado, apoyado y alentado por las autoridades, conduce a la pobreza, a la desesperación y a veces a la revolución. El falso mantra de una economía basada en el interés propio y el libre mercado es una cortina de humo propagada por los pocos con riqueza y poder para oscurecer la verdad de que han utilizado su riqueza y su poder para amañar el juego a su favor. Los que no tienen nada pueden soñar con llegar a poseer, pero las probabilidades de lograr ese sueño son actualmente minúsculas.

Todo o casi todo lo que el autor señala en su obra, podría trasladarse a la situación actual que atraviesa el mundo industrializado, por la inoperancia de los políticos y el ansia de poder que tienen los banqueros y las clases económicas altas, que parece que su única misión fue se la de esclavizar a las clases más humildes.


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